En un mundo dominado por la tecnología, donde estamos rodeados de iPods, reproductores de música digital e incluso teléfonos donde podemos escuchar nuestros mp3, resulta casi retrógrado cargar con un discman.
Sin embargo, hoy extrañé muchísimo aquellos tiempos en los que cargaba mi reproductor de discos compactos y mi estuche lleno de CDs. Hoy me hice acreedor de la más reciente placa editada por Metallica, el tan esperado Death Magnetic.

Ya el disco lo había escuchado en mi computadora, pero como todo fanático fiel no podía dejar pasar la oportunidad de comprarlo en físico para completar mi colección. Pero una vez comprado el disco me hice la pregunta ¿y ahora, dónde lo escucho? Por supuesto que quería escucharlo al momento, no esperar llegar a mi casa, encender la computadora y finalmente escucharlo.
Ahora bien, ese quizás ha sido una de las primeras veces en los últimos años en los que no he amado estar rodeado de tanta tecnología. La otra pregunta que vino a mi mente fue ¿y ahora qué hago con el disco?.
Perfecto, pasa a formar parte de mi colección de álbumes, álbumes que hace años que no escucho porque o ya los tengo digitalizado, o simplemente me ladilla hurgar entre cientos de discos.
Esto viene a preguntarnos también, ¿cuál es el futuro del CD?, en un par de años ¿seguirán las personas comprando discos?, ¿iremos a las tiendas con nuestro iPod o reproductor de mp3 a comprar los discos de forma digital, o todo se comercializará vía Internet?.
Una vez lei en un libro de Alex Grijelmo, que un periodista no le hace preguntas al lector, sino que más bien está para responderlas, pero en este caso, creo que estas interrogantes aún no tienen respuestas.
Yo por mi parte, seguiré comprando discos en físico y también me haré de ellos de forma digital, nada como la sensación de tener un booklet en la mano y experimentar ese suspenso que te invade cuando abres el empaque de un cd.














